lunes, 19 de agosto de 2019

Corrección y ampliación de la crítica al sentido trágico de la vida (continuará)

*Al igual que existimos luego pensamos, queremos a Dios porque existimos, y en ello formulamos hipótesis a preguntas sobre la existencia, el origen y el fin. Pero Dios no es idea de conciencia individual o colectiva o hipótesis o justificación de conciencia del Universo…; sino la razón pura de todo ello el Amor. Dios no es el éter ante el ahogo espiritual o el placebo ante sentido trágico de la vida porque el sufrimiento en la Cruz de Jesús, el Amor del Padre es el horizonte más hermoso, real de la promesa y el compromiso de su Amor hacia su obra. El hombre no se inventa la idea o hipótesis de Dios como anhelo explicativo a su existencia sino que está colgado, como los planetas en el Universo, al amor de Dios. Es Dios el que trae al hombre, a su sensible división Aristótelica en materia y espíritu, su amor de Padre, pero no en pro del interés del hombre para obtener de su todo poder su anhelo de eternidad, sino su engendrador amor en Jesús dentro de su proyecto de vida y a cuyo rescate del hombre acude mediante su interactuación dentro de su obra haciéndose parte integrante de su naturaleza inmiscuyéndose su todo poderoso Espíritu en su principio natural procreador imprimiendo su seña humana a través de la Encarnación de la Virgen, su madre terrenal y como madre para todo hijo la sitúa en el máximo pedestal de los altares de su corazón, pero no porque la teología y su dogma la deifique. Así como que tampoco el hombre necesite crear una fe en un Dios personal, social y familiar; pues Dios en su Trinidad constituye por sí solo Uno y la base que fragua el amor que rezuma tanto el continente como el contenido del hombre, lo que Unamuno llama individualidad y personalidad. Es el hombre el que está creado a imagen y semejanza de Dios no es el hombre el que crea a su Dios a imagen y semejanza suya, Dios como arquitecto está por encima del concepto en su creación de hombre, varón, niño, mujer,hembra, marido, esposa, madre, padre… ni la imaginación del hombre lo puede deificar en uno de ellos, sino como la esencia de su Amor por cuanto que todo y a todos encumbra y abarca, el máximo principio de la vida que lo aleja de todo atisbo de singularidad filosófica, pagana, atea, republicana, politica, monárquica, constiucionalista, quietista, misticita, helenistica, guerrera....Ya Él mismo se describióen el evangelio: Yo soy el camino, la verdad y la vida. La intelectiva organizativa del hombre tendente a constituirse en carta o constitución para gobernar su propia deidad, las Ciencias, debe aceptar que éstas sólo pueden redescubrir lo ya creado por Dios Universo que es reinado por Él y sus angelicales Espíritu de amor. *Es curioso como Unamuno parte deductivamente y utilizando conceptos lógicos, hipótesis racionales o bien de citas evangélicas para afianzar los pasos del lector en su camino prefijado, afianzándolo a seguir en él con las afirmaciones de otros, hasta que, Unamuno, llega a establecer el punto interés de su teoría sobre Dios, y es cuando el lector abre su sentido, pero por contrario a su objetivo de desviarle a su idea final, se reafirma en el camino de la razón que no mata a Dios,como él argumenta como medio a su fin, sino que le clarifica que Dios está fuera de toda fantasía, la de Unamuno, y dentro de toda razón humana y por tanto desecha su conclusión final al llegar a afirmar que vivimos la vanidad de la plenitud, o la plenitud de la vanidad.Los que profesan la fe en Dios no son ni ciegos ni ignorantes, porque buscan la luz y su conocimiento cualidades de la razón y por tanto su camino guiado por el entendimiento teológico cuya pasión sentida si le lleva al verdadero Dios y opuesta por mucho que sea sentida como verdad otras pasiones puestas en ídolos cuya superchería nunca debe ser posada en labios tan doctos como teología