viernes, 15 de enero de 2021

CORRECCIÓN DEFINITIVA DE TEXTO Mi análisis Ortega dice ser llevado en su crítica meditativa por su “amor intellectualis”a las circunstancias españolas, pero no es amor intelectual el suyo que complemente o que perfeccione a las circunstancias españolas, pues el ambiente y la circunstancia de su crítica en dicho afán, son contrarios y por tanto aniquiladores de su espíritu español.Parece más bien un amor de contaminación reformista centroeuropea a inculcar a sus, actuales españoles, en sustitución de la esencia histórica, contrarreformista de las circunstancias españolas. Como española prefiero ser hija de la riqueza cultural de Velázquez por cuanto me corre la sangre viva española y andaluza que no como Ortega que prefiere ser hijo de la riqueza cultural de la sangre fría neerlandesa de Rembrandt. Es curioso la analogía temática entre su ensayo “las meditaciones del Quijote” con el de Unamuno y su “sentido trágico de la vida”, quizás debido tal influencia temática ensayística del primero sobre el segundo, Unamuno era diecinueve años más joven que Ortega, más que por ser ambos coetáneos, a sus personalidades confesadas por ellos mismos de ser espíritus alados y de gusto cultural bárbaro y, por ello su acerba crítica hacia la propia cultura,la española,de espíritu cristiano y alma española. De tal forma que Unamuno más que plagiar el ensayo de Ortega lo que realiza, es una estocada, en términos taurinos rematar la faena, con su crítica directa y más acerba hacia la iglesia católica, su moral, su cultura, su ciencia… De ahí que Ortega escribe que “la crítica completa y potencia la obra”, pero dicha opinión queda en un tópico cuando no es así en su crítica intelectual hacia las circunstancias españolas pasadas, a los que más que añadir ambiente favorable los torpedea con su crítica de “ restos inhábiles postrados a sus pies” o ensartados por un hilo espiritual al que baja don Quijote y los nacionaliza…-y sigue la calumniadora crítica de Ortega-como la cita religiosa “siempre que estéis juntos -murmuraba Jesús- me hallaréis entre vosotros-”llevada al quijotismo del libro de Cervantes, pero donde las dan las toman y para esta crítica es también a derecho en respuesta a tal ofensa mi lectura inversa hacia la intelectualidad de ambos y así digo que “siempre que se unan ambos dos y sus intelectualidades, componen un hilo conductor secular que desnacionaliza la España con alma, poniendo tras sus ambas frustraciones personales un comunal dolor por lo bárbaro”. Así pues Ortega el cual escribe que cada día “le interesa ser menos juez de las cosas y prefiere ser su amante” desde luego no es así para con la cultura española, pues que Ortega más que su amante es el maléfico con manzana envenenada. El quijotismo del personaje de Cervantes al que Ortega achaca ser perjuicio del resto de su obra por entender ser una antena que recoge todas las alusiones ¿a qué alusiones se refiere Ortega? ¿a las de los españoles católicos? es una flagrante usurpación de la intelectualidad literaria de Cervantes y su uso en interés de intenciones de Ortega, pues que ni don Quijote es un ridículo Cristo de barrio ni el espíritu de Cervantes en el huerto de las flechas, inspirador de los nombres de Cristo, sirve ser al modo para significarse en los nombres de don Quijote. Lo que sí para esta crítica va en perjuicio del resto de su extensa obra española, la de Ortega, es el barbarismo “progre-trasnochado”de su intelectualidad. Ortega no trata a Cervantes desde el rango creador histórico que le corresponde como persona o individuo literato,sino que lo aborda desde lo botánico,desde la especie,y así escribe Ortega que don Quijote es un individuo de la especie Cervantes. Pues a mucha honra esta crítica pertenece a la especie española de Cervantes y lo considera una persona en mérito de ser todo un brillante escritor de inquietud literaria, de ahí su extensa obra, que junto a su inspiración creadora enriquecida por su rocambolesca vida, su ingenio, su donaire español, se alzó con su obra El Hidalgo don Quijote al parnaso de la lengua española. Y don Quijote un sol que irradia humanismo lleno de espiritualidad, valor, altruismo, inocencia, carisma ...de paladar intelectual exquisito, tarea literaria de Cervantes que no la parodia condensada de la personalidad y genética española y, por supuesto que es el propio ego emborrachado de progre-trasnochado de Ortega lo que le levanta su pedante ensayo que no lo que él presume que se lo levanta la propia obra de Cervantes. Tampoco Cervantes espera sentado como un hidalgo en derredor de los elíseos prados a que le nazca un nieto capaz de entenderle, pues que la sangre viva española tiene clara su genética de especie,-cómo le atribuye Ortega- y conoce a las “otra especie”frustrada por no hallarse asentada en dichos elíseos prados su modernidad “progre-trasnochada” Desde luego cuán lejos queda Ortega de la exigencia de su verdad cuando los describe al español como tomados por el odio artillado y moviendo guerra al mundo, cuando es movido en tal atribución no en la verdad histórica del renacimiento español, sino por su rechazo a la religiosidad de la influencia del humanismo italiano, anteponiendo su particular gusto por el otro renacimiento histórico,el del bárbaro y así descaradamente se atreve a comparar el espíritu católico con el epílogo del descontento mitológico pagano de la ficción de Guzmán de Alfarache; siempre dando palos con la ficción, la mitología y los dioses paganos, a la veracidad y la realidad española; lógico que estos españoles de patria con alma le marquen una distancia, que no de rencor como él apostilla, con respecto a la filosofía de su ensayo que pone en intencionalidad de dudas su realidad religiosa, su libre albedrío espiritual y el ejercicio de su moral...