El hombre no puede afirmar categóricamente que la libertad de expresión es de dominio absoluto en el ámbito de la libertad, pues sólo cuando toma conciencia de su concepto al identificarla con otras libertades inherentes a la suya, esto es, el respeto por su prójimo, reconociendo la imagen del otro en la suya, será entonces cuando hará de ella una correcta utilización.
Es precisamente este respeto al prójimo lo que dota a la libertad de expresión de su función social como defensora de los derechos fundamentales democráticos, siempre y cuando apoyen su defensa con razones empíricas carentes de los insultos emocionales de moneda feudalista.
Por tanto no puede hacerse uso de ella en nombre de un absolutismo total, para implementarla en los campos emocionales que atentan a su propia naturaleza, pero sí se debe utilizarse su amplificador funcional ante cualquier sistema que merme los derechos fundamentales como el trabajo, la vivienda, la igualdad de oportunidades…y evitar con su denuncia la caricatura nefasta para el pueblo de la fotocopia de dictador.
La generación que ha vivido bajo el símbolo y poder de un único bastón de mando político y militar; liberado ya, de la única dirección del viento que emitía la estructura única de su pay pay; cuando comienza la andadura de la transición se quedan anonadados al descubrir que existe un abanico de colores en el gobierno de un país, cuyo aire con distintas direcciones lo dotan de libertades y derechos en pro de los ciudadanos.
Mas, una vez salido del gateo y superado los primeros pasos en la andaduras del nuevo gobierno democrático, la confianza en la superioridad que otorga el dominio partidista en el poder a su estamento administrativo, y su perduración excesiva en el tiempo, compactan sus varillas y pueden instituirse en patente de dictador, mimetizándose en su modelo.
Y entonces la teoría política de Aristóteles, que a duras penas se estudiaba en la dictadura sobre que al igual que en la naturaleza, en el hombre debía haber un grupo dominante y otro dominado; puede quedarse en la democracia que tiene que haber unos, muy listos y cada vez más ricos con las arcas públicas, y otros muy tontos y que cada vez pagando más impuestos, entre otras de sus manifestaciones.
Pero aún se mantiene la confianza que en la estructura del abanico, cada varilla es independiente y se puede respirar con el aire de una de ella si nos falla alguna, sobre todo con la justicia, y para ello igualmente la libertad de expresión debe manifestarse respetuosa pero contundente en su función social, para que en ella, el viento único tributario no arrase con su imparcialidad.
Carmen Garrido on Enero 4th, 2008 | File Under Artículos | No Comments -